Los hombres y los dioses


 Hasta la misma niebla parecía tiritar de frío sobre la laguna de Iguaque; los juncales que la bordeaban pagaban con temblores los besos de la espuma y las caricias del agua, en un éxtasis de amor que amparaba la infinita soledad del espacio; de pronto reventó en la mitad del líquido cristal, como una acuática flor, el extraño rostro de una mujer que avanzaba hacia la orilla, protegida por una interminable guardia de concéntricos oleajes.

Llegó a tierra llevando de la mano un niño que apenas caminaba, y huyendo a la neblina bajaron al cercano llano, donde levantó el primer bohío; nada había semejante, e iba aplicando a las cosas que le rodeaban los sonidos que brotaban de su garganta, llamándose a sí misma Bachué y Lavaque al niño que la acompañaba; pero el frío seguía acosándolos e instintivamente siguieron al occidente; a cada jornada la niebla se iba derritiendo, la luz aparecía más radiente y luminosa, el calor les llevaba alegría, vida y contento, y la vegetación, con nuevos frutos, les ofrecía al paladar motivos de inagotables satisfacciones; en las blancas pomas del quijiza(algodón) encontraron material de abrigo que les cubriera y defendiera el cuerpo de los animales y las inclemencias de la naturaleza, entretejiendo con los hilos del fique las impolutas pomas.

Regresaron al bohío de Iguaque, y cuando la pubertad empezó a golpear el corazón del niño, surgió el amor que los unió para siempre, siendo éste el orígen del linaje humano. Por la fecundidad de Bachué, cuatro y seis nuevos seres en cada alumbramiento, rápidamente se pobló el territorio de los chibchas, constituyéndose las dos primeras agrupaciones gubernamentales, los cacicazgos de Iraca y Ramiriquí.

Las grandes aves negras que Chiminigagua había dispersado para que con sus picos repletaran de claridad el infinito, iban desapareciendo; la luz cada vez más débil amenazaba extinguirse, y ante la posibilidad de una perpetua oscuridad, Iraca ordenó a su sobrino, Ramiriquí, subiera al espacio para alumbrar la tierra, conviertiéndolo en Sua(sol); pero como éste tal vez se fatigaba apareciendo sólo en cortos períodos, Iraca resolvió ascender también transformándose en Chía(Luna) para alumbrar la noche.

Mucho tiempo había pasado desde la aparición de Bachue y muchas generaciones poblaban ya la tierra; la bondadosa abuela había enseñado a todos sus descendientes los secretos de la vida, cultivar la tierra, entretejer las pomas de algodón para el vestido, guardarse cariño auxiliándose como hermanos, y en fin recordar al los dioses. Todas las tardes, como todas las abuelas, congregaba a los descendientes que la acompañaban para explicarles la razón de la veneración a los dioses chibchas, con el ancargo de transmitir sus enseñanzas a todas las generaciones.

Chiminigagua; les decía que era nuestro supremo dios, de él proviene todo lo que existe, es todo y es nada, es el hijo del espacio, está presente en la niebla, camina en el viento, grita en el trueno, se agita en el rayo, corre en el relápago y en todas partes presente guía nuestros pasos, castiga las faltas y premia las buenas obras, nos dio la luz, la tierra, el agua, los animales, las plantas y la vida que yo les reparto y transmito.

Chibchacum, es nuestro esforzado dios que nos apoya y ayuda, cuida las sementeras y nuestra salud , fecunda la tierra, señala el curso de los ríos y nos acompaña en los dolores, las penas y las alegrías.

Chaquén, es el defensor de nuestros predios y riquezas, atento a la guarda de los bienes que nos da Chiminigagua, es tan diligente que recorre todas las tierras con tanta velocidad que está al mismo tiempo en todas partes.

Cuchavira(Arco Iris) es el luminoso dios que vela por la salud de las futuras madres y sus niños; reparte sus dolores en promesas de mejores tiempos para las cosechas.

Finalmente mis hijos Ramiriquí e Iraca que por darnos luz y calor me abandonaron, pero que siguen y seguiran velando por todos nosotros hasta que el mundo, huérfano de ellos, sea devorado por el frío y la noche.

Estos son los dioses que deben venerar, les repetía; pero hay otros a quienes deben temer, como a Nencatacoa que por el abuso de la chicha hace perder la razón, haciéndolos olvidar que son hermanos para ponerlos a reñir, sufrir y llorar. También debe huir de Guahaihoque, el dios del mal, la mentira, el robo y la muerte.

Así Bachué orientó en la vida a varias generaciones, y cuando consideró cumplida su misión sobre la Tierra, citó a sus miles de descendientes a la laguna de Iguaqué. Por última vez habló sobre veneración a los dioses, fraternidad y amor entre los hombres, entregándoles el territorio chibcha para que lo cultivases, y mientas su voz, temblorosa por el dolor y la emoción se perdía en ecos que repartía el viento, asida a la mano de Lavaque, su esposo, lentamente se iban internando en la laguna, bajo la protección de otra interminable guardia de concéntricos oleajes, y cuando se perdieron para siempre bajo el plisado de las ondas, dos grandes culebras negras cruzaron las aguas, azotando las espumas, hasta perderse en los juncales riberanos.

Desde entonces, la laguna de Iguaque, que retiene en el fondo los dos primeros seres del linajes humano, retrata y siente en la superficie el sol, la luna, el arco iris y la niebla, amorosamente arropa entre su seno, como paloma a sus polluelos, los hombres y los dioses muiscas…

Tyguagata Hycabimy Sua

Tradición muisca

Territorio de Bacatá.

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